Hay límites. Hay condiciones. Usted no puede servir a dos señores. No
puede servir a la luz y a las tinieblas, al pecado y a la justicia, al yo y a
Dios.
La luz está en usted, pero lo rodean las tinieblas. Nuestro mundo es un mundo en oscuridad. Nuestras mentes carnales siguen
siendo un teatro de las tinieblas. En un
mundo de opciones debemos optar por la luz. Por eso es que Jesús enseñó que debemos tener
determinación y ser de un solo propósito si deseamos llegar a ser hijos de luz
plenamente maduros. Él dijo:
“La
lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo
está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en
tinieblas”.
Lucas 11:34.-
Si su voluntad y su corazón están enfocados en Dios, su cuerpo está
lleno de luz, y está expresando con plenitud la gloria de Dios
en usted. Pero si es de doble ánimo, si está viviendo en pecado o consintiendo
pensamientos pecaminosos, su luz se disminuye proporcionalmente hasta que su
cuerpo se llena de tinieblas. Jesús continuó advirtiendo:
“Mira,
pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas”.
Lucas 11:35.-
