SALMOS 1:1-6.-
Hay dos clases de personas en este precioso salmo.
Hay dos ambientes, dos realidades o entornos también muy diferentes.
Sin embargo, se contraponen el justo y el impío en cada sección.
Al leer esta porción maravillosa puedo ver que hay un río que separa estas dos realidades. Este río es la revelación de Jesucristo, que es el Verbo de Dios, la Palabra hecha carne. Esta revelación viene a nosotros los justos a través del Espíritu Santo, pues estamos unidos a Él.
El justo medita en la Palabra y es como un árbol plantado junto a ese río de Revelación, que es el Conocimiento de Jesucristo.
Dar fruto es que el árbol ha absorbido el agua desde la raíz y ésta ha hecho que sus hojas no caigan y que de buen fruto. Es decir, el fruto es la manifestación que produce el vivir por revelación del Espíritu Santo de la Persona de Jesús.
El fruto es para que otros lo coman. El dar fruto es un síntoma de madurez espiritual. Por eso, puede que un árbol bueno aún no tenga frutos buenos, porque el tiempo no le ha llegado... "Que da su fruto en su tiempo".
Su hoja no cae. Esto es cobertura espiritual, no se pierde la cobertura. Las ramas de este árbol nunca se verán desnudas, Aleluya!
Todo lo que hace prosperará. Es vivir dando frutos, vivir en madurez espiritual.
La congregación de los justos. Benditos son los justos, pues no están solos, están congregados, unidos, como un bosque en el huerto de Dios.
Jehová conoce el camino de los justos... porque Él lo diseñó! Aleluya!
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