Bienvenidos a Hijos Obedientes

“Como hijos obedientes, no vivan conforme a los deseos que tenían antes de conocer a Dios. Al contrario, vivan de una manera completamente santa, porque Dios, que los llamó, es santo; pues la Escritura dice: "Sean ustedes santos, porque yo soy santo".

1 Pedro 1:14-16.-


martes, 17 de mayo de 2011

Consolad a mi Pueblo...

Por Pablo Bernabé González

Consolad, consolad a mi pueblo dice vuestro Dios.
Hablad al corazón de Jerusalén
y decidle a voces que su lucha ha terminado,
que su iniquidad ha sido quitada,
que ha recibido de la mano del SEÑOR
el doble por todos sus pecados.
Isaías 40:1-2.-

Creo que las dos cosas que más evidencian el Poder transformador de Dios operante en el corazón del hombre son el pecado y la tristeza, pues solo el Poder de Dios puede librar al ser humano de ambos. 

Sin embargo, la diferencia fundamental es que cuando el hombre abraza y alberga el pecado en su corazón busca llenar un vacío con un placer, un gozo que el pecado sólo puede dar por un instante. En cambio, cuando el hombre abraza la tristeza no hace más que albergar el dolor a cambio de nada. Es solo aferrarse a la amargura, a la aflicción y a la depresión, dejándose robar las bendiciones de Dios y viviendo la vida indiferente.

El pecado y la tristeza han sido cargas que todo hombre se ha visto obligado a cargar cuando se ha apartado de Dios y sólo por este hecho.

Ello significa dos cosas:
1.- Primero, que cuando Dios envió a su Hijo al mundo para librarlo del pecado, se manifestó en Amor.
2.- Segundo, que cuando Dios rompe el yugo del pecado, se manifiesta en Gozo.

Gálatas 5:22 dice que el Fruto del Espíritu es Amor y Gozo, primeramente. ¿Cómo, pues, es que hay entonces parte del pueblo de Dios sumido en el pecado y en la tristeza?  ¿Acaso la obra de Dios en Cristo Jesús no fue completa entonces? De ninguna manera. Jesús en la cruz dijo “CONSUMADO ES”. No dijo “Continuará”.


Un sabio dijo una vez que “la vida es el segundo regalo más grande de Dios a la humanidad, luego de Jesucristo”.

Jesucristo es la manifestación perfecta del amor y del gozo, pues vino en el Amor y en el Gozo del Padre. A Jesucristo, pues, necesitamos en el corazón.
 
Necesitamos el poder transformador del Amor y del Gozo de Dios operando en nuestro corazón, sólo así podremos desechar el pecado y la tristeza de nuestras vidas. Sólo así hallaremos el consuelo, pues seremos parte del Pueblo de Dios.

Son el Amor de Dios en respuesta al pecado y el Gozo de Dios en respuesta a la tristeza los que ponen fin a la lucha del ser humano por hallar consuelo.

Creo que la doble porción de este tiempo es un doble poder divino operando en el corazón del hombre, manifestando el Amor y el Gozo divinos, quitando la iniquidad y restituyendo el gozo a su pueblo en consolación. En fin, en la obra consumada de Jesús hallamos el consuelo y el descanso para nuestras almas.

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